miércoles, 18 de julio de 2012

Lecciones de la sentencia de constitucionalidad de la Ley Minera
Los oráculos constituyeron uno de los lugares más importantes para la antigüedad. En ellos se producían revelaciones generalmente ambiguas y enigmáticas y las personas tomaban decisiones para su vida cotidiana individual y comunitaria, política y económica con base en sus designios. Hoy en día no se recurre a los oráculos, pero no por ello nos está negado conocer el futuro, y en él, el buen y el mal devenir.
¿Por qué hablar de oráculos cuando el tema que motiva este escrito es el de la justicia constitucional en el Ecuador? Porque la reciente sentencia de la Corte sobre la constitucionalidad de la Ley Minera constituye el mejor oráculo para anticipar el destino de los derechos reconocidos en la Constitución de 2008. Empecemos explicitando el designio: ninguno de los derechos relacionados con las nacionalidades indígenas, los campesinos o cualquier comunidad inserta en conflictos socio - ambientales y los de la naturaleza serán justiciables bajo el modelo de justicia constitucional ecuatoriano vigente.
Entendamos qué es lo que ha sucedido. La Ley de Minería fue aprobada sin el requisito que exige la Constitución: consultar sobre la misma a las nacionalidades indígenas, (es decir, consulta prelegislativa sobre materias que los afectan a ellos y a su territorio). Por esta razón, los indígenas demandaron la Ley, argumentando inconstitucionalidad de forma, es decir, que la Ley no nació a la vida jurídica válidamente.
Adicionalmente, ellos y las comunidades de Azuay esgrimieron argumentos de inconstitucionalidad por el fondo, es decir, por el contenido de la Ley que tiene impactos directos en sus derechos. Estos argumentos fueron fortalecidos por varias intervenciones ciudadanas (varias de ellas solicitadas por la misma Corte) provenientes principalmente de sectores en defensa de los derechos al medio ambiente sano y los de la naturaleza.
¿Que tenía que hacer la Corte entonces? Primero determinar la constitucionalidad por la forma, lo cual es lógico, pues primero debe examinarse si el poder Legislativo siguió las reglas del juego que le ordena la Constitución, ya que esas reglas del juego son también un derecho de los ciudadanos. Si es que la Asamblea no sigue las reglas del juego se procede a declarar la inconstitucionalidad de las Leyes y no se analizan las materias que éstas regulan, pues, básicamente no tiene sentido intentar curar al que nació muerto.
La Corte reconoció que la Ley de Minería fue aprobada irregularmente, pues no se realizó la consulta prelegislativa a las nacionalidades indígenas, sin embargo, no decretó su inconstitucionalidad. ¿Cómo es que sucedió esto?, la Corte esgrimió tres argumentos con serias falencias técnicas y graves inconsistencias de interpretación constitucional.
El primero sostiene que la Asamblea Nacional ha tenido que apresurar los procesos de formación de leyes conforme a las Disposiciones Transitorias que trae la Constitución, y que por ello no tuvo tiempo de expedir una ley que regulara la consulta prelegislativa antes de expedir la Ley de Minería, lo cual constituye una situación “extraordinaria” demostrativa de que el “Ecuador atraviesa por un proceso de transición”1, por lo tanto, la interpretación constitucional se resolvió indulgentemente en favor de la mora legislativa.
El segundo, aludiendo a que si bien, una carta enviada por el Ministerio de Minas y Petróleo a la CONAIE invitándole a hacer comentarios al proyecto de ley a través de un correo electrónico, no constituye una válida consulta prelegislativa, si se le parece un poco. Tal argumento, no resiste el menor de los análisis.
Finalmente, y siendo el argumento de mayor gravedad (en el que se asienta nuestro oráculo), la Corte aplicó el “principio de conservación del derecho” o “in dubio pro legislatore” establecido en la Ley de Garantías Jurisdiccionales que fue expedida por la Asamblea Nacional y que afirma que las dudas sobre la constitucionalidad de las leyes deben resolverse a favor del querer de dicha Asamblea.
En cuanto a los cargos de inconstitucionalidad por el fondo de la Ley, relacionados con otros derechos en disputa (derechos territoriales de los indígenas, división y jerarquía de leyes, derechos de la naturaleza, etc), la Corte decidió desestimarlos en un breve párrafo en el que acusó a los demandantes e intervinientes de ineptitud al no encontrar suficiente “argumentación jurídica” en sus reclamos. De tal manera, la Corte simplemente no falló sobre el contenido de la Ley y a sus impactos pese a que está facultada para realizar análisis exhaustivos sobre las cuestiones que se le presentan.
Varias son las lecciones aprendidas con esta sentencia. La primera de ellas es que en aras de afirmar la seguridad jurídica y en especial la gobernabilidad del Estado la Corte evitará a toda costa declarar la inconstitucionalidad de las normas.
La Corte ha preferido sacrificar la Constitución en aras de la gobernabilidad, lo cual es demostrativo de una falta grave de independencia del poder judicial en el Ecuador. Téngase presente que el principio “in dubio pro legislatore” fue establecido por la Asamblea Nacional en una Ley de carácter ordinario y es por tanto jerárquicamente inferior a la Constitución, y lo que dice la Constitución en su artículo 427 es, por el contrario, que las leyes “en caso de duda, se interpretarán en el sentido que más favorezca a la plena vigencia de los derechos y que mejor respete la voluntad del constituyente y de acuerdo con los principios generales de la interpretación constitucional”.
Pero, ¿cuál es la voluntad del constituyente, cuáles son esos principios de interpretación constitucional?, pues los encontramos en el patrón establecido en la misma Constitución respecto del favorecimiento de la duda hacia los más vulnerables, y no son pocos los ejemplos:
  • Artículo 76-5 que trata del derecho al debido proceso: "En caso de duda sobre una norma que contenga sanciones, se la aplicará en el sentido más favorable a la persona infractora".
  • Artículo 326-3 que trata de los derechos de los trabajadores: "En caso de duda sobre el alcance de las disposiciones legales, reglamentarias o contractuales en materia laboral, estas se aplicarán en el sentido más favorable a las personas trabajadoras".
  • Artículo 395-4 que establece el principio in dubio pro natura: "En caso de duda sobre el alcance de las disposiciones legales en materia ambiental, éstas se aplicarán en el sentido más favorable a la protección de la naturaleza".
  • Artículo 396 que establece el principio de precaución en materia ambiental: "En caso de duda sobre el impacto ambiental de alguna acción u omisión, aunque no exista evidencia científica del daño, el Estado adoptará medidas protectoras eficaces y oportunas".
Con esto no queremos significar que la Corte no deba tener la capacidad para modular sus sentencias, es decir, para condicionar las normas examinadas a cierta interpretación. Por el contrario, la modulación de las sentencias es una actividad que caracteriza a los tribunales constitucionales latinoamericanos gracias a la cual se garantiza diariamente la protección de múltiples derechos y se armonizan las leyes a los estándares internacionales de protección. Lo que sucede es que si esta actividad se ve condicionada por la duda a favor del legislador, se pervierte la idea misma de “control” constitucional y con ello se da al traste con el efecto de invalidez de los actos normativos impugnados que reconoce la propia Constitución en su artículo 436-2.
La segunda lección se encuentra en la ambigüedad de la decisión constitucional. Una vez que la Corte decidió que la Ley pasaba el examen de constitucionalidad de la forma, debió pronunciarse sobre el fondo y emitir una sentencia completa del asunto. Sin embargo, al omitir fallar sobre el fondo no queda claro si se ha generado una suerte de “cosa juzgada” (ya que no se pueden presentar nuevas acciones “con identidad de sujeto, objeto y acción”) o si ahora que la Ley ha sido validada deben presentarse nuevas demandas en relación con los derechos impactados (y esperar otro año más a que la Corte las resuelva mientras la libre prospección y la minería a gran escala se consolidan en el país).
La tercera lección se halla en la esfera de participación ciudadana en el Control Constitucional. La Corte decidió no pronunciarse sobre los argumentos esgrimidos por los intervinientes que ella misma solicitó por encontrarlos “carentes de argumentación jurídica”, sin indicar de manera precisa las carencias encontradas. Esta actitud hacia los intervinientes hiere profundamente el derecho de intervención ciudadana en las instancias judiciales, máxime cuando al revisar las intervenciones realizadas en este caso, encontramos documentos juiciosamente fundamentados.
Así como en las sentencias se describen los argumentos de los demandantes y de los demandados para luego proceder al ejercicio de su valoración y de ponderación de los derechos, de la misma manera debe procederse frente a lo expuesto por los intervinientes, pues los asuntos constitucionales tienen un carácter de interés público y son un importante eje del ejercicio democrático de los derechos. El salvamento de voto realizado por la Dra. Nina Pacari, constituye un impecable ejemplo de técnica constitucional al realizar un examen de los argumentos de los demandantes, demandados e intervinientes involucrando materias fundamentales para la nueva realidad constitucional del país: lo intercultural y lo plurinacional.
Estas lecciones podrían llevarnos a concluir que es inútil e infructuoso recurrir a la jurisdicción constitucional en el Ecuador y que sólo cobra sentido recurrir a ella para dejar constancia histórica de las inequidades y agotar los mecanismos internos para acceder a instancias internacionales de derechos humanos. Sin embargo, constituye un reto para nosotros resistir al presagio del oráculo y edificar otro destino. El desolador panorama de esta Corte Constitucional no debe menguar nuestra fe en la justicia prometida en la Constitución de 2008.
Eventualmente una activación masiva de los mecanismos de protección constitucionales (acciones de protección, por incumplimiento, de inconstitucionalidad, intervenciones ciudadanas, amicus curiae, etc) podría persuadir a los magistrados a cumplir con su rol de guardianes supremos de la Constitución y con el tiempo, salvamentos de voto como el realizado por la Dra. Pacari -que acogen los valores del carácter plurinacional del Estado-, podrían pasar a ser el voto de la mayoría consolidando así un organismo constitucional apto, probo e independiente.

Reglamento del Proceso Disciplinario para Estudiantes





Oro o agua


La oposición entre inversión minera y comunidades campesinas vuelve a encender la zona del altiplano peruano, en una virtual reedición de los acontecimientos novelados -con base real- por el célebre escritor peruano Manuel Scorza.

Esta vez son los habitantes de la zona cercana a un proyecto aurífero valorado en 4.800 millones de dólares quienes se movilizan para tratar de impedirlo, debido a los efectos negativos que tendría, según argumentan, sobre sus suministros de agua.

El mes pasado hubo una erupción de protestas campesinas que incluyeron el bloqueo de caminos y la destrucción de equipos industriales. Las manifestaciones volvieron a brotar la semana pasada y se extendieron a la misma ciudad de Cajamarca, con cierres de negocios y concentraciones en plazas públicas.

El proyecto Conga es una extensión de la mina de oro a tajo abierto de Yanocha, la más grande en Latinoamérica. La oposición campesina al plan representa el primer reto importante al Presidente Ollanta Humala, quien busca fomentar la industria minera del país.

Humala asumió la presidencia en julio tras prometer a las mismas personas que protestan ahora contra Conga que él daría prioridad al agua potable sobre la extracción de minerales. Y así lo reiteró durante un acto de campaña que ahora recuerdan los opositores a la mina.

"Porque ustedes no beben oro, no comen oro, con respecto a la minería se va a respetar las actividades de las agricultura, la ganadería", dijo entonces.

Una vez que asumió el poder, la disyuntiva que enfrenta el Mandatario peruano surge de un cruce de promesas. Si bien afirmó que respetaría los recursos naturales, especialmente el acceso al agua, por sobre las necesidades mineras, también se comprometió durante su campaña a elevar las pensiones, aumentar el salario mínimo, elevar las inversiones en Educación y Salud y a expandir la electrificación rural, entre otras demandas sociales.

Para financiar esos programas, consiguió que la industria minera aceptara un impuesto sobre las ganancias que aportaría más de 1.000 millones de dólares al año.

"Es obvio que en esa negociación las empresas no dan un aporte gratis", apunta Carlos Monge, director para Latinoamérica de la organización sin fines de lucro Revenue Watch Institute, basada en Nueva York.

“(El proyecto) es un tubo de ensayo sobre el acuerdo al que llegó el gobierno de Humala con los empresarios mineros", añade Julia Cuadros, directora ejecutiva de Cooperacción, una organización que promueve desarrollo sostenible. Y explica que si Conga es suspendido, la confianza de los inversionistas se deterioraría, causando el colapso de la agenda social de Humala.

Lagunas amenazadas

La oposición local al proyecto es intensa y es encabezada por funcionarios locales. Los críticos dicen que un estudio de impacto ambiental que fue aprobado el año pasado no responde adecuadamente a los potenciales daños que provocaría río abajo el cavar minas a cielo abierto en las laderas de la zona, que se encuentran sobre un importante acuífero.

"Van a desaparecer las principales lagunas de la región que son las ultimas que quedan para poder abastecer en los próximos años a la expansión urbana", afirma el presidente regional de Cajamarca, Gregorio Santos.

No sólo serán afectados los alrededor de 7.000 habitantes del área inmediata, sino también decenas de miles de campesinos en los valles cercanos.

Santos añadió que también están en riesgo probables fuentes de abastecimientos de agua para programas de forestación y agroecológicos.

Según el proyecto -que abarca una superficie de 2.000 hectáreas en un área donde nacen dos ríos- cuatro reservas de agua artificiales reemplazarán a cuatro pequeños lagos de montaña que van a ser desplazados.

La mayor reserva se usará para extraer el metal de la roca triturada y cubierta de cianuro, y será colocada tras barreras que impidan la contaminación.

Los otros tres embalses aumentarían a más del doble el agua almacenada y a disposición de las comunidades vecinas, afirma Omar Jabara, portavoz de Newmont Mining Corp, la compañía estadounidense que tiene 51% de la propiedad del proyecto.

Yanacocha otra vez

Jabara asevera que la compañía está haciendo todo lo posible para que el proyecto no dañe el ambiente y agrega que Conga no puede ser exitoso si afecta adversamente las reservas de agua.

Pero los ambientalistas dicen que eso es exactamente lo que sucedió con la mina de Yanacocha, que comenzó a operar en 1993 y produjo tres millones de onzas de oro en su mejor año.

Incidentalmente, es esa misma localidad la que Scorza describe en su libro "La tumba del relámpago". En él alude, en un contexto que mezcla realismo y mito, al conflicto que lleva décadas entre comunidades indígenas y grandes compañías.

Según organizaciones defensoras del ambiente, las regulaciones de protección de agua en Perú permitieron a la mina contaminar las vías fluviales. Agregan que el proceso regulatorio favorece a los mineros, porque el Ministerio de Minería tiene siempre la última palabra en los estudios de impacto ambiental.

"Eso no lo tienes en Chile ni en Colombia ni Ecuador", denuncia Manuel Glave, un respetado economista de Lima.

El ministerio del Ambiente hace recomendaciones en el proceso, pero no ha emitido comentarios sobre el proyecto Conga, según la agencia AP.

Perú tiene actualmente más de 60 disputas sobre el impacto de la minería en las reservas de agua, de acuerdo con la oficina del defensor del pueblo.

Los problemas de credibilidad de Conga se derivan de la conducta previa del consorcio de Yanacocha, que incluye a la compañía peruana Buenaventura Mining Co. y la International Finance Corporation, describen analistas.

En 2000, un derrame de 152 kilos de mercurio atribuido a un contratista de Yanacocha causó problemas de salud a centenares de personas. Líderes comunitarios se quejaron, además, de que sus fuentes de agua se estaban secando o contaminando.

El consorcio también enfrentó protestas al comenzar perforaciones exploratorias en el vecino cerro Quilish, y tuvo que abandonar ese proyecto luego de quejas de que afectaría directamente el agua de la capital regional
El 61% de los ingresos de Perú provienen de sus exportaciones mineras. El actual auge en los precios de los metales ha alimentado un crecimiento anual de 7% en el último decenio, y Humala heredó un país con más de 40.000 millones de dólares en inversiones en minería que están a la espera de lo que ocurra en el actual conflicto entre el oro y el agua.

http://www.emol.com/noticias/internacional/2011/11/26/514428/oro-o-agua-el-dilema-de-altiplanicies-peruanas-np-finde.html



martes, 17 de julio de 2012



Lingüística y educación.-
Una de las principales preocupaciones de Arguedas fue el de legitimar el estatus del idioma quechua. Unos de los problemas era el de la castellanización y la alfabetización en un país plurilingüe, debido a la gran influencia del quechua sobre los mestizos e indios y a la dura imposición del castellano, que incluso al ver que no asimilaban el idioma reprimía avergonzándolos. Así, la escuela en vez de ser un ente unificador, era todo lo contrario. Arguedas propone un método cultural, donde lo persuasivo y lo gradual estén simultáneamente corrigiendo este problema, y así el aprendizaje castellano no solo sea asimilado de manera superficial, sino que lo internalicen como si fuera parte de ellos. También ver el quechua, no solo como un medio para alcanzar la castellanización, sino un medio de expresión suficientemente adecuado y vasto para el desarrollo pleno de las poblaciones monolingües.  El quechua y el aimara han demostrado contar con recursos lexicográficos suficientes para expresar conceptos muy elaborados.      

viernes, 16 de diciembre de 2011

Cómo se cuenta un cuento
garcamarquezSe leen ciertos libros porque el autor está en boga o porque un sentido de regocijo se plantea ante la imagen de la portada, la cual más que un almuerzo de soluciones o un bosquejo, es una invitación a la historia.
Gabriel García Márquez es un cuentista de abolengo, lo sabemos, con fantasía mediata bajo la manga, una hispanidad grosera y llena de júbilo familiar. Esas familias grandiosas donde los nombres se repiten y las páginas marginan deseos para empezar otros.
Digamos que el hecho de que el libro provenga de la mano de un escritor conocido y de una complacencia maravillosa para contar, lo hace aún mas interesante a los sentidos, aunque el contenido carezca de la más digna satisfacción. García Márquez entra en plena dolencia y nos regala un librito no muy bueno, con un afán de terceros por presionar al estudiante a erigir un edificio de ideas y construir historias.
Admisible para aquéllos deseosos por contar vidas, sombreros, paraguas, violines y semejantes espejos. El libro es un pequeño reposo a los momentos grises, una mañana plácida por callar y despejar ideas tomando una taza de café en un día lluvioso. Se me antoja acompañado de un deseo especial, y acaso no sucede así con todo libro de ideas permutables?.
Cómo se cuenta un cuento es un compendio de letras acerca del por qué solemos invocar deseosos al planteamiento de historias, enfocado en formato conversacional, donde incluso los nombres personales del interlocutor (ra) entran en juego. Una escuelita de guión arrimada en los azares de una Cuba deseosa de historias.
El libro dilucida en apareamientos mentales, donde el relato de cierto estudiante es despedazado y sopesado por juicios académicos, frases sueltas, paranoias y un vocero: Gabo en proceso equidistante, siempre con ese sabor muy de él, con una frase espasmódica que levanta cimientos.
Las historias son simples historias, el meollo del libro radica en la de-construcción, en el remedo desde el fondo de una idea hasta la vida misma. Relatos de estilo inocente, inmiscuídos precisamente para funcionar en un espacio limitado, cierto auge por relatar para audiencias neófitas. Alumno y maestro no tratan de crear unívocos, sino dirigen miradas a un sector específico.
Es interesante la acotación de Gabo... pero si eso no cabe en el espacio de treinta minutos, pero si tenemos que hacer que la historia caiga en ese tiempo límite, no... con eso tendríamos para más de una hora, etc. Cómo compaginar historias en minutos presencia, aunque lo de los patrocinios no queda muy claro y ahí ya serían quince minutos de tiempo y lo demás vendimias de mercado.
En fin, Cómo se cuenta un cuento es precisamente eso, un librito de pensamiento y objetivo conversacional, una placenta donde se van sentando cuentos sobre cuentos y relatos que se inclinan hacia el encuadre de una historia de treinta minutos y no más.
No esperemos encontrar relatos de gran valía, sino procesos desquiciantes donde una cosa lleva a la otra para después destruirla en infinitos borradores, y con Gabo de interlocutor todo se vuelve hacia el salón de clases y lluvia de letras. Lo importante aquí no son las ideas sino cómo se van desarrollando para crear relatos diversos, o cómo la idea de uno se convierte en la trastienda de la genialidad de otros, o en magnánima torpeza.
No es un libro sobre técnicas o respuestas precisas en cómo crear una historia, eso no se enseña, se moldea con el tiempo, se acaricia en las historias de otros, el cine, las literaturas por supuesto, el arte en general, en una frase o palabra, en el gesto de un ser observado, incólume a los navajazos literarios.
Libro designado a los cuentistas por culpables, siempre robando relatos imaginariamente-reales: la gente, el parque, los muebles, el gato, un pasillo, una escalera, una película de ideas-telaraña, vivencias, deseos, ensoñaciones, sueños profundos, pesadillas, predestinación, palabrejas, ideas, manías, procesos.
En Cómo se cuenta un cuento no hay respuestas a técnicas sobre el proceso de un relato, no existen manuales ni desgloses certeros, sino ideas y muchas ganas de contar. Este es el libro que llenaría estantes de ojos sin leer, aburrido para muchos a excepción de los amantes de la creación.
No son más que un grupo de jóvenes y un moderador contando relatos, es como un gathering de ideas, una clase de escuela de creación literaria sin respuestas nada más por el puro afán de contar.

por Rocio Flores.

La soledad de América Latina
[Discurso de aceptación del Premio Nobel 1982]

Gabriel García Márquez

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.

La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.

Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.

De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega.

Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.

Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo   contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.

No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.

América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.

No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.

Un día como el de hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.

Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.

En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. Muchas gracias.

FIN.

martes, 13 de diciembre de 2011


Discurso de Pablo Neruda al recibir el Premio Nobel de Literatura.


El poeta Pablo Neruda plantea su discurso al igual que su producción literaria como un viaje a otro mundo fuera de lo real, que llega hasta los límites de la imaginación de dicho autor. Podemos ver también que narra sucesos de su pasado, acontecimientos que marcaron mucho en su vida y que los lleva siempre presente, tales como cruzar un vertiginoso río, al bailar alrededor del cráneo de una vaca, al bañar su piel en el agua purificadora de las más altas regiones.
Así mismo nos muestra que el arte de la poesía está en el de manera innata y que tiene la gran capacidad de componer un poema sin ninguna fórmula o estilo que tal vez pueda dejar como legado a los nuevos poetas, ya que para él, el poeta es aquel que aprende de los demás hombres.
Para Neruda el mejor poeta no es un "pequeño dios” sino es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree dios. Él cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria. Y si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, podrá también la sencilla conciencia convertirse en parte de una gran artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de la mercadería: pan, verdad, vino, sueños. Es decir, mediante la poesía con su ración de compromiso, dedicación y su ternura al trabajo común de cada día y de todos los hombres, la sociedad podrá tenerla siempre presente y restituirle el anchuroso espacio que le van recortando en cada época, que le vamos recortando en cada época nosotros mismos.
También nos muestra y enseña que la vida de un poeta no siempre esta solo ligada a la poesía, es decir al mundo de la realidad y los sueños, sino que también a otros oficios que nos hacen ver de manera clara la realidad en la cual estamos viviendo y que nos inclina a luchar por ella y tratar de mejorarla, como el caso de el mismo poeta que fue partícipe del ejército en el cual aprendió y experimento muchas tareas humanas la cual lo plasmo en su poesía.
Termina su discurso haciendo un llamado a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores y a los poetas, mostrando que el entero porvenir esta expresado en la frase de Rimbaud: “solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres”. Para que siempre tengan confianza en ellos mismos y no pierdan jamás la esperanza.